miércoles, 11 de marzo de 2009

Resurrección

Resucito para deciros que he resucitado. No me confundáis con Jesucristo, porque os decepcionaría si así lo creyeseis.
Espero que me hayais echado de menos, y que no os hayáis frustrado al entrar en mi blog y ver durante cinco días seguidos la misma entrada. De verdad que lo siento. Supongo que siempre ando pidiendo disculpas, pero sabéis que tengo poco tiempo y que me encantaría poder pararlo y dedicar diez o veinte minutos que tardo en escribir cada entrada.

Pasando de preámbulos estúpidos y condolencias, me dispongo a relataros el día de ayer. Un día altamente esperado para mí.
El caso es que, desde hace unas semanas llevamos preparando una especie de mini-baile, ya que iba a venir la concejala a visitar las instalaciones y a ver una clase nuestra. Definitivamente, ayer fue el día.
De primeras ya estaba todo histérico, ya que a los chicos nos obligaban a llevar el uniforme. Un uniforme que yo nunca llevo al completo, ya que consta de una camiseta blanca que ha de comprarse en la propia escuela ya que trae escrito "Víctor Ullate", unas mallas negras, calcetines blancos y zapatillas blancas. Yo no acostumbro a usar calcetines cuando bailo, ya que me gusta sentir la zapatilla cuando hago los ejercicios, por tanto no tenía calcetines.
De esto nos avisaron el día antes, lo cuál consiguió que yo me volviera histérico, me enfadase con mi madre por teléfono -la verdad, necesitaba descargar con alguien- y no pensase bien qué hacer. No sabía cuando y dónde comprar unos calcetines hasta que buscando en internet esa misma noche, un angelito me salvó la vida. Había un Calcedonia justo enfrente de mi instituto. Así que en el recreo me acerqué y recé para que tuviesen lo que buscaba, y así fue -¡Uf!-.

Ya ayer, todo repeinado y vestido con el uniforme, me dispuse a entrar en clase para estirar -más o menos una hora antes de que empezase la clase-. La clase dio comienzo y yo me encontraba mejor que nunca, eso sí, en el primer ejercicio comenzaba a parecerme ya a una fuente. Tan bien quería hacerlo todo y tanto me esforzaba que comencé a sudar descontroladamente, hasta puntos en que tenía que quitarme el sudor de la frente para evitar que se me introdujese en los ojos.
Víctor Ullate, junto a la concejala, profesores y otros hombres y mujeres que no conocía, estaban delante. Los demás no me importaban, sólo me importaba lo que él dijese de mí. Me volví el más prepotente de la clase, intentando conseguir que su mirada se clavase en mí, y así fue.
A veces, miraba de reojo para constatar que era en mí en quién se fijaba. Yo estaba eufórico; las piernas me temblaban por dentro, mientras que por fuera, se mostraban sólidas y firmes en la realización de cada uno de los ejercicios; mi garganta, completamente seca; todo mi cuerpo en completa tensión interior y un relax exterior, que esperaba que no se malinterpretase como soñolencia.

Después de la clase y de la realización del baile, Víctor se dirigió a nosotros. La tensión se acumulaba en mi, a cada palabra que salía de su boca.
Nos felicitó y todos aplaudimos como agradecimiento. Cuando nos dio permiso para salir, yo comencé a sentirme algo más relajado. Me dio tiempo a mirarme en el espejo y comprobar que todos mis músculos se marcaban y se transparentaban en la camiseta, antes blanca y ahora practicamente transparente del uniforme.
Aún me quedaban dos horas de clase.

viernes, 6 de marzo de 2009

Hoy es tu día, querido amigo

Hace unos años, en un ataque "animalístico" y ya cansado de los pesados de mis periquitos, decidí comprarme una musaraña. Todo esto ocurrió sin el consentimiento de mi madre, la que finalmente terminó por aceptar al ratón en casa.

Todo comenzaba una tarde, después de la ya citada locura "animalística". Llamé a mi amiga Irene, y le conté, entusiasmado cuál era mi plan para hoy. Como siempre, dispuesta a acompañarme en mis locuras pasajeras, se vino conmigo al Centro Comercial, a la tienda de animales.
Busqué y busqué y busqué en la tienda entre todos los ratones habidos y por haber y por fin encontré el que más me gustaba: una musaraña. No salió caro a pesar de que había que comprar una jaula, comida, serrín y algunas cosas más.
Sin embargo, algo faltaba. En primer lugar faltaba el permiso de mi madre, a la que nada más comprármelo, llamé. Tuve que alejar el teléfono del oído de los gritos que pegó mi madre. Las palabras fueron claras: "Tú y el ratón no entráis en casa a la vez". Intenté convencerla, pero no lo conseguí, al menos hasta que llegué a casa.

Como decía, faltaban dos cosas. Y una era el permiso. Y la otra, como no, era un nombre para mi nuevo amigo. Irene y yo, durante el camino barajamos varias opciones, pero finalmente decidimos llamarle Olegario. Y así fue, Olegario, con el tiempo pasó a ser uno más de la familia.

Todo el mundo ansiaba conocer a Olegario: mis vecinos, mis amigos, familia. Mi madre incluso se atrevió a tocarlo alguna vez... Pero, ya me advirtieron en la tienda de su escasa duración.

Todos los días le cambiaba el serrín, el agua, y le ponía comida nueva. Jugaba con él y me tiraba largos ratos mirándolo. Era tan precioso, tan pequeño...
Duró un año y dos meses, aproximadamente... Una mañana, cómo todas, me levantaba dispuesto a cambiarle el serrín, colocarle agua limpia y comida. Olegario estaba en un rincón de la jaula, tumbado.
Durmiendo, pensé yo. Pero por más que moví la jaula, Olegario ni se inmutó. Me dispuse a cogerlo, pensando que se podría haber lastimado. Nada más tocarlo, tuve que soltarlo. Su piel, estaba fría como el hielo. No había nada de vida en esa jaula.

Llorando fui al salón, dónde se encontraba mi madre a darle la noticia. Recuerdo que también lloró.
El cariño que se le puede coger a una cosa tan insignificante, tan pequeña, tan desapercibido... mi Olegario nunca volverá, pero su recuerdo lo llevaré conmigo y todos los 6 de Marzo, su santo, lo recordaré.

Te quiero, amigo.

martes, 3 de marzo de 2009

Escribir por necesidad

Últimamente, como bien todos sabréis, estoy altamente estresado. Demasiadas cosas que hacer, demasiado que estudiar... y poco poco tiempo. Tan estresado me encuentro en este momento que mi ojo izquierdo tiembla él sólo cuando le apetece. La locura se apodera de mi y pienso que es mi cuerpo que intenta decirme algo. Nunca hago caso.

Camino por la calle, escucho música en mi MP4, o lo que sea. Es el único momento en que puedo relajarme un poco -a parte de cuando duermo, si es que lo consigo-. Camino y escucho. Sencillamente camino y sencillamente escucho. El ensordecedor ruido exterior de Plaza de Castilla es tan intenso que incluso aunque lleve el volumen al máximo, no consigo abstraerme del mundo. Pero yo sigo en mi empeño. Si Aristóteles conseguía abstraer la materia de las cosas, cómo no voy a conseguir yo lo mismo. ¡Válgame Dios!

Historia ha sido mi última parada. Biología es la próxima. Por desfortunio, no es la última.

Sólo dos semanas, sólo dos semanas... -pienso-. Dos semanas y ¡pum! me nacen las alas para volar a dónde quiera. Eso sí, dos intensas semanas, cargadas de cosas en ambos lados del día: mañana y tarde.
Tarde también incesante e intensiva de trabajo. Nuevos retos autopropuestos para conseguir grandes resultados. No me toméis por loco, pero he hecho una lista con todo lo que debo hacer para conseguir, primero caerle bien a María -mi profesora- y segundo para ser un buen bailarín.
Debería de centrarme en lo segundo, pero hay cosas que se relacionan, pero lo primero también lo encuentro de gran importancia si es que deseo que mi estancia en la escuela de Víctor Ullate sea productiva y apacible.

Os miento cuando os digo que se me ha caído el pelo por el estrés, porque me lo he cortado. Forma parte de esa lista de retos, concretamente de la primera. Un esfuerzo grande, considerando el tiempo que llevo queriendo dejar el pelo largo y tener mi tan ansiado flequillo. Antes volaba al viento, ahora... sólo vuelan mis bufandas o un fular atado al cuello.

Linda melodía de las flores que ya comienzan a florecer. Un florecimiento que no estoy disfrutando, pero os prometo. Chicos, os prometo que lo disfrutaré.

viernes, 27 de febrero de 2009

Disculpas...

Bueno, deciros que lo siento porque llevo casi medio mes sin actualizar. La verdad es que tengo mis razones. He estado completamente plagadito de examenes, muy liado con unas cosas y sobre todo, esta última semana malo.

Aún no me ha llegado ninguna historia del Folletín del siglo XXI. Sin vuestra participación la idea no se puede poner en marcha. Así que si no hay participación lamentaré cerrar la sección.

Un beso a todos, esperando poder actualizar en condiciones una vez que me recupere. Perdón pero es que me ha venido todo de golpe.

lunes, 16 de febrero de 2009

El folletín del siglo XXI



Llevo varios días pensando esta idea y por fín me he decidido a comentarla y que me deis vuestra opinión. O que, sencillamente, pueda contar con vuestra participación.

Como seguro que sabréis, durante el siglo XIX, en los períódicos se publicaba una especie de extensión denominada folletin. Se trataba de una novela por fascículos.
Yo propongo rememorar este folletín, pero introduciendo algunos cambios:

  1. En primer lugar, éste no será escrito por un sólo autor, sino que cada semana se publicará un fragmento de una extensión máxima de una cara de un folio, y posteriormente alguien deberá continuar la historia.
  2. Vuestros microrelatos que constituirán nuestros gran macrorelato deberán de ser enviado a mi cuenta de correo. Todo el mundo puede participar y en el caso de que lleguen varios correos para la misma parte de la historia (que sería lo ideal) yo elegiré uno al azar.
  3. Todos los fragmentos están señalados y firmados por el autor de ellos y cualquier tipo de plagio será completamente eliminado.
¿Qué se necesita?

  • Ganas de escribir.
  • Imaginación.
  • Un mínimo de calidad en la escritura y estructura del fragmento.
  • Que tu fragmento se relacione con el anterior propuesto. No serán válidas cosas completamente inconexas, sin previa justificación.

domingo, 15 de febrero de 2009

El Albir


Esta entrada va, en cierto modo, dedicada a mis tíos que se que leen el blog todos los días. Seguro que ellos con tan solo leer el título ya sabrán de qué estoy hablando, pero como no todo el mundo lo sabe creo que comenzaré la historia por el principio.

Todo comenzaba cuando mis tíos adquirían, cuando aún vivía mi padre, una casa en la Urbanización Golf del Albir. Aún recuerdo la calle, el número y el piso. Recuerdo también la primera vez que fuimos a visitarlo. Todo lo que en la foto veis alrededor no estaba. Podríamos decir que se trataba de una ciudad completamente en obras. Tan solo estaba esa urbanización, la playa, el paseo de las estrellas y algunas casas más.
Se trataba de un lugar tranquilo, muy tranquilo, dónde ricos extranjeros se escondían de la multitud y de un verano lleno de ruidos para disfrutar de la paz.

Mi hermana y yo pasamos un primer verano con mis tíos allí. Fue maravilloso. Conocimos a Laura, posterior gran amiga de ambos. Otra amiga, que solo estuvo el primer año que estuvimos fui Zaira.
Los demás amigos, pues yo he perdido el contacto con practicamente todos. Amigos de verano, que son sólo para el verano debido a la lejanía. Pero amigos, con los que te divertías un montón.
La verdad es que era muy gracioso. Laura, mi hermana y yo siempre estábamos en la piscina. De repente llegaba una nueva familia de vacaciones y fichabamos a sus hijos. Nos rifábamos quién iba a hablarles primero -lo típico, "¿quieres ser mi amigo?-. Siempre le tocaba a Laura, que era la que más morro le echaba. Era genial.

Nos levantábamos, más bien pronto, ya que mi tía siempre nos decía por las mañanas que qué hacíamos viendo la televisión con el buen día que hacía.
Desayunabamos en la terraza, un buen tazón -muy muy grande- de leche con cola-cao y dulces variados como magdalenas, sobados, galletas... Después salíamos a la piscina a esperar a que llegase Laura, que normalmente bajaba cuando ya habíamos hecho la digestión y ya podíamos bañarnos.
Recuerdo que mi abuela siempre salía todas las mañanas a dar un buen paseo. Cuando llegaba siempre nos mandaba tocarle el cuello para que notásemos cuánto había sudado. Seguidamente, se sentaba en un banco junto a la piscina en el que daba la sombra y observaba cómo jugábamos en la piscina.
Mi tía, un rato después sacaba su hamaca y se tumbaba al sol, hasta la hora de comer. A veces se daba un baño con nosotros. Era realmente genial. Solíamos comer, o bien en casa, abajo en la parcela de la terraza, o bien íbamos a algún restaurante. Recuerdo el restaurante Enrique. Mis tíos eran grandes amigos del que dirigía el restaurante y la verdad, nos trataban muy bien.

La urbanización estaba llena de gatos. Gatos que suponíamos salvajes o abandonados, pero que siempre estaban allí. Mi tía se encargaba de que no pasasen hambre y todos los días les compraba comida y se la servía. Era gracioso ver que a la hora de comer, todos los gatos se colocaban junto a la puerta de la terraza de mi tía, que era un bajo. Una de las gatitas, con un pelaje negro como el azabache era, sin duda, nuestra favorita. La única que dejaba que la tocases, la cogieses y jugases con ella.
Siempre dormía en una de las hamacas que había en la terraza, sin duda era una Princesa, haciendo honor a su nombre.

Mi tío siempre nos grababa. Hacíamos actuaciones en la piscina. Saltábamos, nadábamos y hacíamos una especie de espectáculo propio que mi tío grababa para el recuerdo. De hecho, fue mi tío quién nos enseñó a mi hermana y a mi a tirarnos de cabeza, a nadar bien y todas esas cosas que se hacen en el agua.

Pasamos grandes veranos en el Albir. Grandes veranos que ahora son un recuerdo y que espero que algún día podamos, mi hermana y yo, volver a esa casa en la calle Pau Casals. Volver a la playa de el Albir, dar paseos con mis tíos, salir de comida, bañarnos de noche en la piscina, acudir a los festivales de cine...

Electricity

Una gran canción, compuesta por un grande, y que expresa todo eso que siente un bailarín. Preciosa.


miércoles, 11 de febrero de 2009

2º B Bachillerato IES Cervantes (Madrid)

Imaginense que tienen una profesora de Lengua y Literatura completamente loca. Y cuando hablo de loca no me refiero ni a mala profesora, ni a que esté loca como para ir a un psiquiátrico. No. Podríamos decir que es una "cachonda". Una mujer que vive riéndose de todo lo que ve. Sin duda, me encanta. Hace lo que quiere, cuando quiere y porque quiere.
Nuestra clase se ha convertido en un embutido de personajes ficticios. Yo para ella soy Pepito Grillo, el de la fila de delante que todo reprocha, que nunca se calla nada y divaga en sus comentarios de texto.
Existe también Andrés -este no posee un mote original, pero porque ya vale él mismo- que constituye al estresado de la clase. A mi me cae genial este chico. Me parece, y no exagero, una de las mejores personas de clase. Yo le llamo Lloyd. Por si os lo preguntáis viene de Andrew Lloyd Webber.

La gran mayoría de los motes de mis compañeros de clase, que la profesora de Lengua y Literatura aprovecha para burlarse de ellos -sin ninguna mala acción, claro- me los he inventado yo. Es una tendencia rara mía. Siempre le cambio el nombre a todo el mundo.
De esta manera tenemos a Victoria Chacón, alias Chaconwsky. Una mujer que desde que la conocí este mismo año, creo que no ha cesado de reír en ni un sólo momento. Ríe en los pasillos, en clase, a la salida, en el metro...
Seguimos con mi compañera de al lado, Belén, alias Belenáutica o Nautilus. Sin duda otra de las personas con las que mejor me llevo de clase y a la que ayudo muchísimo, ya que se que se esfuerza mucho para aprobar pero suele suspender. Así que yo le dejo mis resúmenes, mis apuntes y demás cosillas que al final resulta que los tiene toda la clase. Como delegado, no es mi deber, pero ya ven...soy la voz de la conciencia de mi clase.
La clase continúa con el chico más alto de todo el instituto, 2,08 metros. Una bestialidad. Se llama Pablo, pero cómo Pablo significa "pequeño", cosa que no le pega para nada yo le llamo Pol.

Tanto Chaconwsky, como Elena -de la que no he hablado- tienen estuche. No un estuche normal, no. El estuche de Chaconwsky es un tigre, llamado Tiger y el de Elena una vaca, a la que yo llamo Mss. Cencerro.

Creo que me he desviado bastante de mi tema inicial. Mi profesora es por tanto, una caja de sorpresas. La ves por los pasillos con otra profesora a su lado. La compañera charla efusivamente con ella. Sin embargo, mi profesora opta por ponerse unos auriculares, haciendo caso omiso de la otra profesora, que continúa hablando completamente sola. Lo que venía diciendo, se ríe de todo el mundo, pero es realmente genial. De mi, a pesar de que me considera un "tocanarices" -a veces creo que lo soy un poco- dice que tengo buen estilo escribiendo, aunque a veces divago -cierto es- en mis comentarios de texto.

Esta mujer, que al principio yo odiaba cómo podéis leer en algunos posts iniciales, se está convirtiendo en una de las profesoras que mejor me están llegando a caer.

lunes, 9 de febrero de 2009

Cambios, cambios y más cambios




Sí, cambios. Pero empecemos la historia por dónde debe de empezar toda historia, por el principio. Este fin de semana estuve en mi tierra. Una pequeña escapadita para realizar unas grabaciones de ballet que necesitaba. Las fotos que veis arriba me las sacó una amiga. Perdonadme por el pequeño tamaño, pero es que no teníamos tarjeta de memoria y tuvimos que reducir el tamaño de las fotos al máximo para poder sacar un buen número de ellas. Espero que os gusten, de todas maneras.
El caso es que llegué a Asturias sobre las 12:00 del medio día. Mi madre me fue a buscar a la estación y fuimos a mi casa, dónde dejé la maleta, cogí mi bolsa de baile, la comida que me había preparado mi madre en un tupper y me fui a mi antiguo conservatorio.
Allí me esperaba Rocío, para realizar las grabaciones. La verdad es que lo pasamos genial, pero después de pasarse seis horas seguidas bailando uno acaba realmente derrotado. Y así estaba yo. No obstante, vinieron dos amigas mías a casa hacia las 21:30 y cenamos juntos en mi casa y lo pasamos realmente bien. Se marcharon sobre las 02:00 de la mañana y yo me acosté. Lo necesitaba intensamente.

Al día siguiente, pensaba ir a ver a mis tíos y a mi abuela. Sin embargo, tenía demasiadas tareas pendientes del instituto. Comentarios de texto, estudiar para examenes, trabajos, deberes... En fin, un retahíla de tareas que consiguieron que no les pudiera ver. Espero recompensarselo la próxima vez.
Ese mismo domingo, cogía el tren de vuelta a Madrid a las 18:15. Un viaje relajado. La película que nos pusieron era Scoop de Woody Allen. Sin duda, genial película. No la había visto, pero fue realmente graciosa.
Junto a mi, en el tren, había una chica de unos treinta años diría yo, que se pasó todo el viaje estudiando inglés y buscando palabras y más palabras en su diccionario de mano. Hubo momento en que pensé ayudarla, porque la verdad que la veía un tanto perdida. Jamás había visto a nadie darle tanto uso a un diccionario en una fracción tan reducida de tiempo.
Detrás, dos señoras que casualmente se habían vuelto a sentar juntas. Me imagino que la ida, Madrid-Gijón les tocaría sentarse juntas, y conversarían mucho. La casualidad las volvió a unir, ya que no se callaron durante todo el viaje. Yo, mientras tanto hacía estragos por intentar concentrarme en la biología.

La profesora de matemáticas, como era de esperar, aún no ha corregido los examenes. La verdad es que los profesores son el espécimen más vago que existe en el mundo. Mira que es fácil corregir un examen, pero no, ellos se pasan todo el fin de semana haciendo yo que se que en vez de sentarse toda la tarde a corregir unos pocos examenes. Señores profesores, nosotros nos pasamos la tarde entera haciendo las millones de trabajos que ustedes nos ponen y estudiando toda la tarde también para aprobar sus infinitos examenes.

Mi clase no ha cambiado nada -y esta es la relación con el título-. Esta semana tenemos dos examenes: uno, el miércoles, de biología; y otro el jueves de Ciencias de la tierra y Medioambientales. Ya han cambiado el de C.C.T.M.M y ahora pretenden cambiar también el de biología. Vale, por una parte es bueno cambiarlo ya que así podré estudiarlo mejor ya que es un extenso temario lo que nos entra en el examen. Pero por otro lado... prefiero no cambiarlo.
Lo dicho, que me hartan con tantos cambios de examenes. Siempre estamos con las mismas discusiones en clase y no puede ser.

viernes, 6 de febrero de 2009

Incompetencias, planos y rectas

Por fín se ha terminado esta semana. Una semana dura dónde las haya. Dura en el sentido de "filosófica". Supongo que todos tendréis una ligera idea de a lo que me refiero.
El caso es que ya ha pasado la tormenta, y ahora -espero- vendrá una época de calma, de estabilidad y bajas presiones.

Hablando de presiones tengo que contarlo, porque la verdad que me hizo muchísima gracia -luego sentí pena-. Cómo cada mañana yo me levanto realmente pronto, sobre las 06:30. Y después me dispuse a desayunar viendo un poco la televisión, el tiempo, las noticias y esas cosas. Durante la previsión temporal, aparecía una nueva presentadora que dudo que siga en la cadena tras la tontería -más bien "burrada"- que soltó. Dijo textualmente: "la cota de nieve bajará hasta los seiscientos mil metros".
Si que ha bajado la cota de nieve ¿no? Ja, ja, ja, ja. Pobrecilla, me da pena porque seguro que ya la han despedido tras su aparición. El caso es que no fue un fallo momentáneo. Sino que repitió la misma frase unas tres o cuatro veces.

Mi semana ha continuado pues normal, depende de cómo la miremos. Hoy por la mañana tuve un examen de matemáticas. Un examen un tanto polémico. Os cuento. En mi instituto, ya que el aula que poseemos este año tiene una morfología demasiado complicada como para hacer una distribución de mesas para hacer un examen, se hacen en la llamada Aula Magna. Se trata de una gran sala dispuesta escalonadamente con un gran número de asientos. Sin duda el mejor sitio para copiar -desafortunadamente yo no soy de esos-. Nuestra profesora de matemáticas, Mª Luisa, es una profesora extravagante y hortera al cuadrado. Su forma de vestir podría incluso multiplicarse por once en la escala de las peores vestidas del momento
Su actitud, de pacifista y víctima. Ya hemos intentado hablar con ella, comentarle que, sin duda, no la entendemos cuando explica y que se pierde gran cantidad de tiempo en clase. A veces perdemos incluso una clase entera corrgiendo un sólo ejercicio. La verdad, es bastante fuerte.

Todo el problema comenzó, sin embargo, porque durante lo que debía de ser nuestro examen, se introdujo otro curso en el aula para hacer otro examen. Estaba claro que eso iba a ser un caos, sobre todo porque el examen del otro curso no era general. La mitad de la clase se encontraba en la parte final del aula hablando sin parar, cosa que en un examen de matemáticas no es nada beneficioso en cuanto a concentración.
Los aspersores se ponían en funcionamiento. Muchos alumnos comenzaron a chistar, ya que el murmullo trasero iba in crescendo. Un amigo mío se rebeló y, no dispuesto a aguantar esa total desorganización y desconcentración continua dejó su examen en blanco y se marchó. Pensé en seguir su ejemplo, pero me arrepentí después de recordar los esfuerzos que había tenido que hacer yo para que el examen me saliese bien. Al final, no he salido contento del examen. La clase en general ha mostrado un descontento total, tanto con la profesora con el examen -realmente difícil- lo que supondrá que el lunes habrá numerables quejas.

martes, 3 de febrero de 2009

41st Memory: Le désir


Tras mi última Memory y tras vuestros comentarios, he recapacitado. He pensado y pensado y pensado. No sólo sobre la soledad, que es de la única que no consigo sacar conclusiones claras, sino de recientes problemas relacionados con la motivación. Sí, me refiero al ballet.

Los bailarines y en general todos los artistas tenemos una personalidad cargada de altibajos debido a las continuas decepciones y alegrías en que nuestro "trabajo" nos ahoga. Bien es cierto que cuando ya has bajado, sólo te toca subir. No obstante después del ascenso siempre viene una bajada. Imaginaros que se trata de una montaña rusa cargada de altas subidas.
Estás subiendo, eufórico por el momento. Continuas subiendo hasta que llegas hasta el borde. A medida que bajas, liberas toda esa adrenalina contenida que posteriormente te dará una sensación de relax.
El caso de los bailarines esto no sucede así exactamente. Nuestro caso puede verse reflejado en aquella persona a la que nada da miedo, ni siquiera una mísera atracción y que la llegada al final de la montaña rusa ha conseguido que llegue a pensar que ha malgastado todo ese dinero que ha podido gastar. ¡Esa es la sensación!
Llegas abajo y te sientes como -por una vez voy a ser literal- una mierda. Una mierda que todo el mundo pisa, llena de taras por doquier.

Sin embargo los bailarines no siempre estamos solos. Tenemos compañeros, profesores, amigos externos al baile incluso, que nos pueden ayudar.
En mi caso fue una conversación con mi profesora de los Lunes, Miércoles y Viernes. Esta profesora es de carácter contrario a "Ella"-el que no lo entienda que lea entradas de hace unos cuantos días y comprenderá de lo que hablo-.
El caso es que tuve una clase desastrosa, principalmente por una obsesión mía que tengo con ciertas zonas de mi cuerpo. Obsesión que se transformó en una visión diferente en los ojos de mi profesora. Me dijo que a veces, cuando estamos afectados por algo tendemos a seleccionar culpables que satisfagan nuestra culpa.
Pensé lo que me dijo durante un largo rato y en realidad puede que tuviese razón en ese sentido. Está claro que lo que hablo de mi cuerpo, me obsesiona y me condiciona muchas veces, pero también es el agobio, stress, llámenlo como quieran, que siento delante de otros profesores. Quiero destacar tanto que estoy empezando a trabajar para ellos. Eso nunca debe de ser así.
No debo de estar tan sumamente pendiente de lo que esté pensando cada profesor de mi en cada segundo de la clase y en cada segundo de cada ejercicio. ¡No!. Tengo que comenzar a trabajar para mí.

Mi profesora me dio un consejo realmente sabio que desde luego pondré en práctica. Me dijo que me olvidase de todo lo que pensaba a día de hoy y que sencillamente volviese a recordar cómo me sentía en mi primera clase, las ganas que tenía cuando empecé a bailar, cuando me vine a Madrid, cuando actuaba...que comenzase a volver a tener esa ilusión que se tiene al empezar y que desde luego es la que te hace continuar día a día. En dos años que llevo bailando -lo que para un bailarín significa llevar 2 meses de vida- he mejorado de tal manera que no se podría establecer ninguna diferencia en cuanto a tiempo bailado con mis compañeros. Compañeros que llevan quizá desde los 7 años bailando.


Ojalá hubiera comenzado yo antes. Hubiera aprovechado el tiempo muchísimo más de lo que cualquiera de ellos lo ha aprovechado. Da rabia, pero sin duda pienso buscar, buscar y rebuscar hasta volver a ir a clase con ese brillo en los ojos. Esas ganas de expresar con lo que más me gusta en el mundo y más deseo por encima de todo que es bailar.
Dejo de escribir porque me emociono con sólo hablar del baile: La pasión de mi vida, la ilusión permanente de mi ser.

lunes, 2 de febrero de 2009

En busca del Goya perdido

[POST PROGRAMADO]

Albert Solé, recibió ayer durante la ceremonia de los Goya, el galardón al mejor documental. Después de una noche de fiesta, al recoger sus pertenencias del guardarropa de una discoteca su "estatuilla" ha desaparecido. La Academia sugiere que el galardón ha sidro sustraído.

El título suena a película de cine y es que de cine va el tema. Como supongo que todos sabrán, ayer tuvo lugar la Ceremonia de Entrega de los premios Goya por la Academia de Cine española.
De entre los galardonados se encontraba Albert Solé, que recibió el premio al mejor documental.

Solé, tras la gala se dispuso a celebrarlo con el equipo de Los crímenes de Oxford. Supongo que acudirían a una discoteca, un bar, pub o sabe Dios a dónde. Todos ellos dejaron sus abrigos, bolsos, etc... en el guardarropa del local -más o menos lo que hacemos todos- La diferencia es que el Sr. Solé sin duda se olvidó de leer el pequeño, pero legible "cartelito" que te advierte de la irresponsabilidad de dejar objetos personales en el lugar. El Sr. Solé no hizo caso del mismo y no es que se dejara la cartera o el móvil -objetos de valor de la vida cotidiana- sino que se dejó nada más y nada menos que el Goya al mejor documental que horas antes le había sido entregado.

Y yo me pregunto. ¿En qué cabeza cabe esto? ¡Normal Sr. Solé! ¡Normal que le hayan secuestrado a su Goya! Pero ¿cómo demonios se le ocurre a usted dejar una cosa de tal valor ya que no existen dos Goyas iguales, según afirma su creador José Luis Fernández, en un guardarropa de una discoteca?
¿Espera que ahora le llamen los secuestradores pidiendote un rescate Sr. Solé?
Si son inteligentes estoy seguro de que lo harán.

Pero lo que, en conjunto consigue enervarme tanto es el poco cariño que se le puede tener a un Goya. Los Goya son como la copía, por no decir "la" copia de los Oscar estadounidenses pero a la española, lo que los hace algo de lo más cutre y que todo actor español posee. Aunque este sea el más mediocre del mundo. Si has salido en una película española, tendrás tu Goya. Tarde o temprano, pero lo tendrás. Y sino preguntarle a Maribel Verdú.
El caso es que si en vez de un Goya llega a ser un Oscar y creo que ya lo hubiera guardado bajo llave el Sr. Solé.




domingo, 1 de febrero de 2009

40th Memory: La solitude

Foto: Tomada por mí el sábado 31 de Enero de 2009 desde mi habitación.
Sé que soy bastante quejica en este sentido, pero, sinceramente, cuando me da la vena solitaria y pesimista necesito expresarlo. Así que os pido que simplemente escuchéis.

Pensaréis que la vida en Madrid, lejos de tus amigos, tu familia, etc... es lo más divertido del mundo ya que no tienes que responder ante nadie. Eres libre para hacer lo que quieras, dónde quieras y cuando quieras. Sin embargo esto no es del todo así.
Una vez que has estado tanto tiempo haciendo lo que querías, pensando que en una ciudad tan grande hay mil cosas que hacer, mil sitios que conocer, mil lugares a dónde ir... te das cuenta de que estás completamente sólo.
Sí, es cierto, tengo amigos en el instituto, en ballet, conocidos de haber salido de noche, etc... pero vuelvo a repetir que Madrid es una ciudad realmente grande. No es cómo Gijón, dónde puedes perfectamente estudiar toda la tarde del sábado y a las 19:00, llamar a un amigo para dar una vuelta, despejarse y luego volver al estudio sobre las 20:00. Eso en Madrid es práctica o definitivamente imposible a no ser que tus amigos vivan en tu mismo barrio, zona, o lo que quiera Dios que sea.

Durante la semana rezo para que nunca llegue el fin de semana. Lamentablemente siempre acaba por llegar.
Los fines de semana, momento esperado por todo estudiante inteligente o no, se convierten para mí en la plenitud de mis pensamientos. El no tener nada, diferente al estudiar, qué hacer consigue que pierda el tiempo de una forma descomunal y qué me dedique a pensar y pensar y pensar. Cosa nada conveniente, os lo prometo.

Si no me equivoco llevo en Madrid desde el día 1 de Septiembre, lo que supone 22 fines de semana que equivalen a 44 días sólo, y a 176 comidas y cenas en la soledad. Unas 176 hamburguesas (McRoyal Deluxe) llevo ya comidas contando con la de esta noche. 176 hamburguesas que hubieran sabido mejor de haberlas compartido con algún amigo o persona especial.

Mi compañera, la música. Mi acompañante, un libro. Alguien que me quiera, negativo. Alguien a quien quiera, negativo. Nada, absolutamente nada, y no quiero plagiarle la idea a Carmen Laforet.
Con lo de nadie a quien quiera me refiero en cuanto a amor. Está claro que quiero a mi familia, a mis amigos, etc.. Esta explicación es un tanto estúpida, si es que os considero inteligentes. (Y así lo creo)

En definitiva, gracias por escuchar mis continuos lamentos, pero que en cierto modo son las cosas que consiguen que yo siga adelante. De un modo o de otro, el escribir lo que pienso consigue que me despoje de ello, al menos durante un largo período de tiempo. Así me relajo, duermo bien y no sueño con el futuro.

De nuevo, nieve




Hoy me he levantado realmente pronto - sobre las 10:30 porque tenía que ayudar a mi hermana con unos textos de filosofía. Nada más abrir los ojos, como acostumbro a hacer todas las mañanas, me quedé unos instantes inmóvil, mirando al techo. Creía que nada podía molestarme en ese momento, pero me equivocaba. Sobre las persianas repiqueteaba un ensordecedor tintineo. Cómo no, me dispuse a abrir las persianas ipso facto y para mi sorpresa llovía. Tan sólo llovía. Enérgicamente, pero sólo llovía.

Me fui a desayunar. Galletas con leche como cada mañana. Durante el desayuno estuve viendo un documental sobre el primer hombre que consiguió despertar un día en Nueva York y al día siguiente estar en Paris. Se trataba del primer vuelo transatlántico que hubo en la historia, que duró unas treinta y seis horas. Un gran logro, desde luego.

A la vuelta a mi habitación ocurrió una escena que pefectamente pudo haber encajado en cualquier película - si es que estoy hecho todo un actor-. Pasé de largo las ventanas del salón, pero de repente me paré, mi cara cambió por completo y apareció una enorme sonrisa. Anduve hacia atrás cómicamente y empecé a dar saltos por la casa, "¡Está nevando! ¡Está nevando!".
Minutos después tomé el video - con mi móvil- que podéis ver al comiezo de la entrada. Es corto, pero tenía ganas de grabarlo.
Nevaba estrepitosamente fuerte. Grandes copos, del tamaño de palomitas. Al principio caían tan deprisa que era imposible distinguir unos de otros, pero por momentos parecía que amainaba el temporal y el viento ascendía haciendo que los copos se ralentizases y se pudieran observar esos pequeños trozos de algodón de azúcar que poco a poco cubrían toda la Castellana de blanco.

No obstante, me reí para dentro pensando en todos los desastres que podría volver a causar la nieve. E incluso me estremecí al pensar que el lunes quizá cerrasen mi escuela de baile. De todas maneras, me encanta la nieve.

lunes, 26 de enero de 2009

Atípico fin de semana

El pasado fin de semana ha resultado ser un fin de semana atípico en mi persona, y el cual dudo que se vuelva a repetir tan efusivamente. Mi fin de semana daba comienzo el viernes a las 23:00. Os estaréis preguntando por qué. Pues bueno - lo cierto es que yo tampoco lo sé- ahí me sentí con espíritu "fin de semana".

Me desperté atacado de los nervios ya que según abrí los ojos un reluciente sol asomaba por las ventanas - que yo acostumbro a dejar siempre con las persianas subidas-. De nuevo más preguntas, mis queridos lectores. Sí, me levanté atacado por que había quedado por Irene Goodhouse para acompañarla en su compra de unas zapatillas de danza. De ese modo, yo que soy un gran freak de las tiendas de danza de Madrid, donde me paso horas y horas mirando cada prenda, cada zapatilla, cada maillot una y otra y otra vez, pues conozco muchas que ella no conocía. En primer lugar fuimos a la tienda de Ángel Corella, dónde me quedé abrumado por los altos precios a los que se encontraba todo. Sólo estábamos de paso. Nuestra meta era Maty, dónde Goodhouse se probó una gran variedad de zapatillas mientras era aconsejada por mí sobre cuál le hacía mejor pie.
Finalmente, se llevó unas Sansha Pro 1C.

La mañana continuó con un largo -corto, más bien- paseo por Madrid. Fuimos hasta la Plaza Mayor, ya que deseaba encontrar un arco que llevaba a la calle 7 de Julio, sobre el cuál nos había hablado el profesor de Historia - no acostumbro a hacer estar "frikadas" pero ya que estábamos allí...-.
Después íbamos caminando por una calle - no recuerdo su nombre- y nos encontramos con esto. Atención a la siguiente imagen:

Cómo podéis observar, se trata de un camión de bomberos. ¡Un camión de bomberos que tiene las ruedas de delante en el aire! Ya sé, ya sé que tiene una explicación. Que sí, que son gatos hidráulicos, que sí...Pero sin duda, me resultó gracioso ya que nunca lo había visto así que decidí tomarle esta instantánea.
El caso es que el camión se econtraba allí porque el edificio ese marrón que se encuentra justo detrás del camión es una iglesia. Y cómo toda buena iglesia no puede permitir tener la cruz dada la vuelta. Algo así como el anticristo ¿no?
Posiblemente los fuertes vientos que hicieron que mi peinado, extremadamente perfecto y colocado cuando salí de casa, quedase hecho un completo campo de trigo, pudieron haber conseguido tumbar la cruz y darle la vuelta.

Después de que Goodhouse, muerta de hambre, decidiera irse a su casa a comer, me dispuse a ir a la FNAC a comprarme la segunda parte de Crespusculo y la que actualmente es mi lectura, Luna nueva. Tras ello, me dirigí hacia el Vips de Gran Vía para comer, mientras irremediablemente ya había comenzado a leerme el libro. La comida me salió por unos 9.65 euros. Sin duda han subido los precios de los platos, ya que sólo pedí un Vips Club, una jarra de agua - que no te cobran- y un minipostre de Brownie.

Sobre las 17:30 había quedado en Plaza de Castilla con Juan - un amigo de clase- y con Aina- una amiga de baile- para acudir a la exposición de una vez por todas. Para el que no consiga enlazar esta historia con alguna de mis anteriores entradas os repetiré que la última vez que fuimos al Star Wars "The exhibition" no había entradas.
Por fín teníamos entradas.
Ahora llega un punto del relato del cuál no me siento bastante orgulloso. Os cuento: no sólo había quedado con Juan y con Aina, sino que también había quedado con Belén, de la cuál me había olvidado por completo. Tan por completo que ya habíamos sacado las entradas y nos encontrábamos en la cola para entrar cuando me suena el móvil y veo su nombre en la pantalla. "Mierda"-grité- "¡Me he olvidado de Belén!". Se lo cogí y, para nada, le dije que me había olvidado de ella. Belén se disculpó ya que había llegado tarde casi una media hora. La verdad, tenía una buena razón para hacerlo. Razón que no voy a contar, ya que es personal.

Pasado ya el mal trago del momento, le dijimos que se pusiese a la cola para sacar su entrada, y así hizo. Nosotros, sin embargo, nos encontrábamos, entradas en mano, en otra cola ya para entrar a la exposición. Supusimos -en vano- que su cola se disolvería primero. Ya era nuestro turno para entrar, a pesar de que habíamos estado dejando pasar a gente que se econtraba delante nuestro, simplemente por hacer tiempo.
Belén decidió que no se quedaba, que entrásemos. Un buen gesto por su parte, que al menos a mi me llegó bastante. La verdad, no tenía otra cosa que hacer. Las entradas se repartían por franjas horarias y a ella le adjudicarían la siguiente a la nuestra, lo que suponía no entrar con nosotros.
Otro gesto que me llegó al corazón fue que nos dejó su cámara. Recuerdo sus últimas palabras "Pasároslo bien. Me hubiera gustado entrar. Tomad la cámara, sacad muchas fotos que luego quiero verlas todas. Por cierto, Aina, encantada de conocerte."

Nosotros, un poco disgustados, entramos finalmente a la exposición. Sin duda, yo ya comenzaba a estar hiperactivo. Me encanta Star Wars, pero no quiere decir que sea un freak de la saga. Sin embargo a Aina y a Juan les encanta y, sin duda, sabían un montón. Me gustó mucho ya que me iban contando qué era cada cosa, si yo no caía en la cuenta.
Para que comprobéis lo buena que resultó la exposición os coloco algunas fotos:



Después de la exposición, salimos todos eufóricos y nos topamos con un puesto de churros. Lo pasamos de largo y al instante todos giramos la cabeza, absortos por el delicioso olor. Nos miramos y todos sabíamos lo que pensaba el otro. Compramos una docena de churros y dos vasos de chocolate. Deliciosamente, deliciosos.

Juan debía de irse a casa ya que serían ya casi las 20:30 y el vive bastante lejos de dónde nos encontrábamos. Aina y yo, sin embargo ya habíamos planeado que iríamos al cine a ver Revolutionary Road, la nueva película de Dicaprio y Winslet.
La película es buena y la interpretación de Kate Winslet es realmente extraordinaria, no me extraña nada que la nominasen al Óscar, o incluso que lo gane. Sin embargo es una película realmente extraña. El que la vea que deje su comentario. Yo realmente no entendí la escena final en la que salen hablando los vecinos. Si alguien desea dar su opinión, se lo agradecería bastante.

Y ese fue mi atípico fin de semana en el cual no abrí ni un sólo libro para estudiar. Cosa realmente asombrosa en mí.

viernes, 23 de enero de 2009

Ella

La descripción que a continuación podrá ser leída corresponde a alguien que de verdad existe, pero del cual no revelaré la identidad. Principalmente porque no quiero causarme problemas.

Ella, es una mujer. No se trata de una anciana ni de una persona de avanzada edad, sin embargo su rostro se asemeja al de cualquiera de las anteriores. Las especulaciones sobre su edad son aún persistentes hoy en día, sin embargo nadie conoce la verdad.
Su tez, lívida, cadavérica, desvaída y macilenta. Sus ojos, incrustados en la cara a presión, hacen lo posible por no caerse de sus órbitas. Su mirada es completamente fulminante. Sí, fulminante.
En mi vida había visto unos ojos que hablasen tanto. Las palabras no hacen falta cuando te encuentras ante ella, un movimiento de los ojos dice más que cualquier palabra. Os lo prometo, éstas se convierten en inútiles en su presencia. Esos ojos grises que resaltan más que nada en su níveo rostro, desvían la atención de su cuerpo, flácido en una primera ojeada, pero férreo en su interior.

Mis latidos se agitan cuando escucho su caminar. ¡Tac! ¡Tac! ¡Tac! ¡Tac!... Sus bajos, pero ensordecedores tacones resuenan en mis oídos cuando comienza a atravesar ese pasillo. Mi mente piensa qué decir; un "hola", un "buenas tardes"... Todos mis pensamientos son en vano. Cuando la veo, sólo puedo mirar esos ojos, abiertos como ventanales. En cuanto entra, se hace el silencio. Todo el mundo la teme, todo el mundo se tensiona. Su caminar resuena de nuevo, sin embargo, nunca aparto mi rostro del frente.

Comienza a hablar. Seria, pasiva, enfadada con el mundo. Mis ojos se desvían a sus arrugadas y afiladas manos. Por un momento solo consigo ver esas manos. No consigo oír nada.
Doy un giro brusco con mi cabeza y consigo librarme de su hechizo. Su voz comienza a sonar lenta pero enérgica.
No permitas que se dirija a ti en ningún momento. Te sentirás siempre ofendido.
A veces me pregunto cómo alguien puede ser tal sumamente cruel. Mucha gente piensa que la gente así lo hace por algún bien para el colectivo, pero no encuentro ese bien. Aún sigo buscando una razón que comience a resolverme algunas dudas internas.

miércoles, 21 de enero de 2009

Los hombres ricos provocan más orgasmos a las mujeres

Antes de comenzar a hablar, sobre este contrometido título, os pido disculpas por mi largo retraso en la actualización, pero, actualmente mis condiciones de salud no son favorables como para sentarme delante de un ordenador y escribir. Ahora mismo, estoy haciendo un esfuerzo, sencillamente por no dejar esto abandonado.

Os estaréis preguntando el por qué del título. Pues bien, se trata de un artículo publicado en la sección de ciencia del peródico El Mundo el Martes 20 de Enero de 2009, pero hace referencia a un artículo publicado por Jonathan Leake para el The Sunday Times. Os hago un pequeño resumen propio, de la noticia:

Según un grupo de científicos, el placer que obtienen las mujeres en sus relaciones sexuales está ligado al nivel de riqueza de su pareja. Cuanto más acomodado es un hombre, más frecuentes son los orgasmos para su amante.

Este fenómeno es una "adaptación evolutiva" que lleva a las mujeres a seleccionar hombres en función de su calidad para triunfar materialmente en la vida.

Los psicólogos comprobaron las hipótesis por medio de un gran test de personalidad realizado junto al Departamento de Salud y Familia de China. Para ello entrevistaron a 5.000 personas inquiriendo por sus relaciones sexuales, su nivel de ingresos y otras cuestiones.
Entre los encuestados había 1.534 mujeres con pareja masculina estable que fueron la base del estudio. De ellas 121 declararon tener orgasmos "siempre"; 408 contestaron "a menudo"; 762 confesaron tenerlos "a veces" y 243 respondieron que "rara vez o nunca". Al cruzar esas respuestas con los datos de ingresos de sus parejas, los autores hallaron que el dinero del amante era una de las principales causas de distinción entre grupos.


Con la misma cara que podéis estar teniendo ahora mismo me quedé yo cuando leí la noticia. Sin duda, me parece del todo ridícula y un tanto cómica también. ¿Cómo va a tener mayor orgasmo una mujer si su pareja está "forrada"? A mi me parece completamente irrelevante e incompatible una cosa con la otra.
Pero si han hecho este estudio, tienen pruebas de ello. ¿De veras las mujeres son tan materialistas en ese sentido? Me extrañaría bastante. No creo que una mujer busque al hombre rico, por naturaleza como afirma en la noticia, sino que acaba por unirse con aquel que la hace más feliz. Y esto no implica de ninguna manera que tenga mayores o menores ingresos al mes. Ya que igual es ella la que gana más, por tanto tendrán una vida acomodada y como bien dice la noticia "triunfarán materialemente en la vida".


domingo, 18 de enero de 2009

El intercambio


Ayer, junto con unos amigos del instituto y de baile, teníamos el plan de ir a ver una exposición que hay en Plaza de Castilla de Star Wars. Lamentablemente para nosotros, no quedaban entradas. Me pondría ahora mismo a quejarme ya que es algo que no entiendo, el que un museo tenga aforo limitado, pero no quiero dedicar la entrada a esto.

No sabíamos qué hacer. Anduvimos buscando una cafetería dónde poder sentarnos y tomar algo. No conseguimos nada en el intento. A mi amiga se le ocurrió la idea de ir al cine. Me pareció genial así que rápidamente cogimos el metro y nos fuimos en dirección al centro comercial Príncipe Pío. Hagamos un inciso en la historia. ¡Stop! . Cómo no... si ya nos salió mal un plan, ¿qué pensáis que pasó con este? Pues lo que debía de pasar. Eran las 20:15 y no había ninguna película para esas horas o cercana. La siguiente sesión para todas y cada una de las películas era a las 22:00.
Al final, decidimos sentarnos en un Starbucks y tomar algo. Aina, mi amiga de baile, y yo sin embargo queríamos ir al cine. Así que decidimos que cuando todos se fueran nosotros nos quedaríamos para ver El intercambio. La nueva película de Clint Eastwood.

Y ahora viene mi crítica. Una crítica bestial por mi parte, porque ha sido una película maravillosa. La verdad que estoy teniendo una racha buena de películas ya que todas me están encantando al máximo. Y esta sobre todo. Las críticas la colocaban como una de las mejores películas de la cartelera y, desde luego, no andaban desencaminados al decir eso.

La película, narra la historia verdadera de una mujer, Christine Collins (Angelina Jolie), que tras un duro día de trabajo, pierde el tranvía y llega más tarde a casa. Había dejado solo a su hijo, Walter Collins y al llegar de nuevo, no está en casa.
Muerta de miedo, llama a la policía, quién le comunica que no se puede enviar a nadie a no ser que el niño lleve desaparecido, al menos, 24 horas. Afortunadamente, después de 5 meses aparece Walter. Pero hay un problema: no es él.
Christine Collins acude de nuevo a la policía para argumentar que ese no es su hijo. Hay que tener en cuenta que estamos en 1928, en Los Ángeles, y que la policía no es tan efectiva como hoy en día, además de que esta ciudad estaba ensimismada de crímenes y corrupción.

Christine no cesará en su empeño por encontrar a su hijo. No cuento más de la trama, esto es solo una breve introducción, que creo que no ha desvelado nada de la historia. Os dejo lo siguiente para vosotros.
Os voy a colocar, no obstante un fragmento de una crítica publicada en La Butaca por José Arce, que de veras me ha encantado:

Maravillosa en todos sus aspectos, sorprendentemente fácil de absorber —hablamos de un metraje que supera ampliamente las dos horas—, sensible, brutal y maravillosamente humana, estamos ante uno de los mejores trabajos de los últimos años, envuelto en una banda sonora pequeña, delicada, simple acompañamiento de un devenir terrible, puñetazo a una sociedad prepotente cuyos líderes prefieren ignorar sus limitaciones a renunciar a un pedazo de gloria mediática. En ocasiones cuesta creer lo que se ve, pero merece la pena abrirse a este nuevo regalo de un cineasta irrepetible. Porque es él quien levanta con soberana profesionalidad un relato que, en manos de otro, pudiera haber quedado a medio camino. La realidad supera la ficción, dicen, y este es uno de los mejores ejemplos. Uno de los que dan miedo, además.

Fuente:

La Butaca

viernes, 16 de enero de 2009

Consecuencias de dormirse en un autobús

Como ya sabéis, para poder acudir a mis diarias clases de baile, he de coger un autobús desde Plaza de Castilla.
Normalmente debido a lo cansado que suelo estar, echo una cabezadita durante el trayecto que dura unos treinta minutos aproximadamente. Como es natural, ya me ha pasado más de una vez, me suelo quedar dormido del todo y me paso de parada. Estas pasadas, suelen ser de una o dos paradas, pero el caso es que ayer la cosa fue demasiado diferente.

Esta semana está siendo extremadamente agotadora, ya que, normalmente tengo dos profesoras. Actualmente una de ellas está enferma y no está acudiendo a sus clases. La está sustituyendo la otra profesora. Estas dos profesoras son bastante, mejor dicho, muy diferentes. Las dos son exigentes, pero una sabe decir las cosas tranquilamente y la otra es muy muy dura. Supongo que adivinais cual está haciendo de sustituta.
Pues bien, creo que esta semana la acabaré en una tumba.
Lo cierto es que me encanta. Me encanta que las clases sean duras, que acabes sudando y no te dejen parar ni a respirar, ni a beber agua. Pero, como soy humano, estoy agotado.

Como causa de mi agotamiento me dormí. Me dormí profundamente. Tanto, que en la última parada me despertó el conductor del autobús y me dijo que era la última parada, que debía de bajarme.
Salí del autobús y me encontré con un paisaje completamente desconocido para mí. Caminé un rato, para ver si encontraba alguna calle que me sonase. La verdad es que no tenía ni idea de dónde estaba.
Me considero una persona sensata, a pesar de que en ese momento estaba comenzando a ponerme nervioso. Alterado más bien. Por fín tuve la brillante idea de llamar a mi escuela; hablé con la secretaria y me indicó por dónde debía de ir. "¡Qué alivio!", pensé. Pero lo cierto es que iba a ser un infierno.
Estuve andando durante unos largos veinte minutos y el tiempo comenzaba a ir en mi contra. Aún no me sonaba nada de lo que veía. Para mí, era todo nuevo.
Mi nueva idea era correr. Y así lo hice. Corrí tanto como pude hasta que conseguí leer el letrero de una calle que me sonaba. Efectivamente era la Avenina de Valdelaparra, la calle en la que estaba mi escuela.
Sin embargo, para más inri, esta es una calle muy larga. La atravesé corriendo. Tardé una media hora. Quedaban escasos minutos para que mi clase comenzase y por fín, acababa de visualizar mi escuela.

Ahora faltaban dos minutos y yo aún estaba en ropa de calle y todo sudado. Introducirme dentro de la malla, por tanto, fué un trabajo arduo donde los haya. Pero finalmente lo conseguí y, gracias al cielo, la profesora se había retrasado un poco. No llegué tarde.

martes, 13 de enero de 2009

The Charmed's looks

Bueno, la entrada de hoy la dedico a realizar junto con todos vosotros un recorrido por todos mis "looks". Me pongo a pensarlo y la verdad es que he llevado, a lo largo de mi vida, gran variedad de cortes de pelo, peinados, etc...

Echemos un vistazo...
Esta primera foto si os digo la verdad no sé de que año es, pero el caso es que de pequeño siempre llevaba el mismo tipo de pelo. Se nos puede apreciar a mi y a mi hermana en la foto, pasándonoslo bien en Torredenbarra, durante un verano.
Esta segunda foto es de cuando estuve en Túnez en el 2004. Se puede observar mi estilo "despeinado". Una imagen poco cuidada, por aquel entonces.
Esta foto ya es del 2005. Si no recuerdo mal, fue tomada durante un concierto de música que se realizaba todos los años en mi instituo y que yo me encargaba de presentar junto con una amiga. Nos encargabamos del diálogo y de todo. Era desde luego, divertido. Se puede apreciar (lo veréis mejor si clicáis sobre la imagen para verla a mayor escala) un peinado demasiado extraño, que me acuerdo perfectamente de mirarme al espejo ese día y decirme "Que guapo estoy". Ahora me miro y me doy cuenta de lo horroroso que iba... Fijaos en la ropa, ¡por Dios..!

Esta foto no sé de cuándo data, pero fué a la salida de un partido de mi hermana, a mi lado. Mi peinado se basaba en echarme espuma en el pelo para dar ese efecto rizado. La verdad es que no me quedaba mal. Mi estilo...muy diferente al de ahora. Me acuerdo del cordón que llevaba al cuello. Lo llevé durante varios años.

Saltamos ahora unos cuántos años. Esta foto es del 2006, si no recuerdo mal. En la foto aparecían mi hermana y una amiga ya que nos la sacamos como regalo para otra amiga, pero la corté para no poner a más gente y eso. Mi look empezaba a cambiar. Engominado, la parte de delante hacia arriba. Podéis fijaros en que aún llevo el cordón.En esta foto, tomada en unas vacaciones en Almeria en el 2006, se me ve ya un poco más crecidito. Mi peinado durante las vacaciones consistió en no peinarme. Por aquel entonces yo llevaba reloj, cosa que ahora no hago, desde que me lo robaron.
Aún en el 2006, cambié mi peinado y volví a la gomina. El 2006 fué un año de continuos cambios de peinado.
Aún ya en el 2006 volví de nuevo al estilo despinado. Como véis mi collar ha cambiado. Es una triqueta. Triqueta que le regalé a una persona muy especial en su día. Esa persona me regaló otro colgante precioso, que actualmente no llevo porque la cuerda se estropeó.
Más del 2006. Mi estilo aquí es un tanto indefinible. No obstante mi colgante ha cambiado. Ese aún lo conservo. Lo compré en una feria de artesanía en Gijón y me gusta mucho. En esta etapa puede apreciarse que ya comenzaba a retocar mis propias fotos.
Cambio de año. Pasamos al 2007, sin tomarnos las uvas y llegamos a un nuevo corte de pelo. Nada que decir de este nuevo estilo. Pequeña cresta ladeada, gomina...
La plancha aparecía en mi vida. También en el 2007. Desde luego que tenía muy poco pelo como para plancharmelo. Recuerdo que me llené de quemaduras la mano.
Mi imagen comenzaba a parecerse, ya todavía en el 2007 a la actual. No obstante aún quedan muchos cambios locos que realizaré. El Photoshop seguía haciendo su entrada en mis fotos.

Esta foto, también del 2007 no supone ningún cambio de estilo. Sencillamente fué para el festival fin de curso de mi conservatorio. Normalmente me peino a lo niño bueno cuando tengo una actuación.
Y con este estilo acabó el 2007. Esta foto fué en la Nochebuena de ese año y la verdad que me gustaba mucho como me había peinado ya que nunca lo había hecho así. Fue un experimento de última hora.
Durante el 2008 continué con el estilo que más o menos llevo ahora, aunque a día de hoy tengo el flequillo muchísimo más largo. Sin embargo habrá un gran cambio en este año.
El gran cambio no fué volverme loco, como posiblemente estaréis pensando por la foto. Sino que me rapé el pelo. Me dió una ventolada y ¡bum! me lo rapé. La foto es de una actuación que tuve. Os coloco ahora alguna imagen más ya que en esta no se me ve bien la cabeza.

Esta última foto ya es más reciente: Septiembre del 2008. Desde que me rapé no me he cortado el flequillo. Ahí ya tenía el pelo en vías de crecimiento a pesar de que mi peinado no deja ver lo largo que tenía el flequillo.
Mis demás looks son iguales pero con el flequillo más o menos largo, hasta como lo tengo hoy en día.
No obstante, me planteo un cambio radical dentro de poco.