
Ya había dicho que terminaría lo empezado. No simplemente por acabar esta breve (pero emocionante) trilogía, sino porque merece y debe de estar acabada.
Irene...mi chica del laberinto.
Esta actualización es especial, principalmente porque Irene ha sido y es una de las personas en las que más he confiado en mi vida. Ella fue la primera persona en saber que yo era homosexual, y fue ella la que me ayudó a terminar por contarselo a todo el mundo, y la que soportaba los lios y embrollos que yo contaba cada poco. No obstante, empecemos por el principio ¿no?
Irene y yo nos conocimos en 5º de primaria, en el Colegio Público Begoña de Gijón, dónde no me cayó bien. Más tarde, ya en 6º comenzamos a hacer nuestras pequeñas migas y comenzó a unirse a la pandilla, a pesar de que no solía salir mucho principalmente porque no la dejaban nunca.
Siempre me acordaré del primer cumpleaños que me invitaste; cenamos en
El Siglo y después estuvimos de juerga en tu patio. Fué muy divertido, pero más aún fue tu siguiente cumpleaños, en el que ya nos invitaste a Andrea a Yanaury y a mi. Yanaury se fué nada más acabar la merienda en la misma cafetería que el año anterior, pero Andrea y yo nos fuimos a tu patio...dónde ocurrieron algunos de los momentos graciosos que tanto recordamos: el que yo acabase medio desnudo corriendo por tu patio y tu me grabases en tu móvil etiquetándome de E.T., o el "voy caminando, piso una mierda..."
Desde aquel cumpleaños, empecé a acudir muchísimo a tu patio. Iba muchas tardes-noches y luego en verano ya íbamos a tu piscina y pues fueron tiempos muy bonitos. También hubo sucesos que rememorar en aquel patio, desde luego: nuestros incansables escondites, el día en que Andrea se metió la ostia del siglo (jugando al escondite, como no), cuando Lara vió fantasmas en los vestuarios y nos cagamos todos, etc...
Además de acudir a tu patio, hubo muchísimos momentos en tu casa, ya que los dos éramos y "somos" grandes aficcionados a
Los Sims 2, de hecho, tu me dejaste el primero de los juegos para que lo instalase. Y aquí también podemos recordar millones de sucesos: palabras inventadas por mi (véase "filongo"), tu inmensa carpeta de descargas (casi 1GB) y muy buenos momentos.
También recuerdo las tardes-noches viendo películas de miedo en tu casa. Gracias a ti he visto más películas de miedo (por no decir que las he visto todas) he incluso me he aficionado a ellas, que en toda mi vida. Incluso ya no paso tanto miedo viéndolas. Nos reíamos muchísimo también con tu madre, cuando se sentaba con nosotros a ver las películas. No sé, yo creo que cada vez que salía de tu casa un día como esos, a pesar del miedo que tenía, estaba deseándo que alquilases una nueva película para volver y verla.
Luego ya en el instituto, pasamos también muchísimos momentos graciosos. Y para que se vea que la verdadera amistad nunca desaparece, aún cuando nos cambiaron de clase y no estábamos en la misma, continuamos siendo los mismos, o aún más amigos que antes. Eso para mi vale muchísimo Irene. Y vale más aún ahora que estamos lejos, pero en mi corazón sigue estando presente todo esto que he escrito, y más aún...espero que en el tuyo también. Y que por favor, nunca me olvides.
Te quiero.
Fin de la trilogía.