
Tras mi última Memory y tras vuestros comentarios, he recapacitado. He pensado y pensado y pensado. No sólo sobre la soledad, que es de la única que no consigo sacar conclusiones claras, sino de recientes problemas relacionados con la motivación. Sí, me refiero al ballet.
Los bailarines y en general todos los artistas tenemos una personalidad cargada de altibajos debido a las continuas decepciones y alegrías en que nuestro "trabajo" nos ahoga. Bien es cierto que cuando ya has bajado, sólo te toca subir. No obstante después del ascenso siempre viene una bajada. Imaginaros que se trata de una montaña rusa cargada de altas subidas.
Estás subiendo, eufórico por el momento. Continuas subiendo hasta que llegas hasta el borde. A medida que bajas, liberas toda esa adrenalina contenida que posteriormente te dará una sensación de relax.
El caso de los bailarines esto no sucede así exactamente. Nuestro caso puede verse reflejado en aquella persona a la que nada da miedo, ni siquiera una mísera atracción y que la llegada al final de la montaña rusa ha conseguido que llegue a pensar que ha malgastado todo ese dinero que ha podido gastar. ¡Esa es la sensación!
Llegas abajo y te sientes como -por una vez voy a ser literal- una mierda. Una mierda que todo el mundo pisa, llena de taras por doquier.
Sin embargo los bailarines no siempre estamos solos. Tenemos compañeros, profesores, amigos externos al baile incluso, que nos pueden ayudar.
En mi caso fue una conversación con mi profesora de los Lunes, Miércoles y Viernes. Esta profesora es de carácter contrario a "Ella"-el que no lo entienda que lea entradas de hace unos cuantos días y comprenderá de lo que hablo-.
El caso es que tuve una clase desastrosa, principalmente por una obsesión mía que tengo con ciertas zonas de mi cuerpo. Obsesión que se transformó en una visión diferente en los ojos de mi profesora. Me dijo que a veces, cuando estamos afectados por algo tendemos a seleccionar culpables que satisfagan nuestra culpa.
Pensé lo que me dijo durante un largo rato y en realidad puede que tuviese razón en ese sentido. Está claro que lo que hablo de mi cuerpo, me obsesiona y me condiciona muchas veces, pero también es el agobio, stress, llámenlo como quieran, que siento delante de otros profesores. Quiero destacar tanto que estoy empezando a trabajar para ellos. Eso nunca debe de ser así.
No debo de estar tan sumamente pendiente de lo que esté pensando cada profesor de mi en cada segundo de la clase y en cada segundo de cada ejercicio. ¡No!. Tengo que comenzar a trabajar para mí.
Mi profesora me dio un consejo realmente sabio que desde luego pondré en práctica. Me dijo que me olvidase de todo lo que pensaba a día de hoy y que sencillamente volviese a recordar cómo me sentía en mi primera clase, las ganas que tenía cuando empecé a bailar, cuando me vine a Madrid, cuando actuaba...que comenzase a volver a tener esa ilusión que se tiene al empezar y que desde luego es la que te hace continuar día a día. En dos años que llevo bailando -lo que para un bailarín significa llevar 2 meses de vida- he mejorado de tal manera que no se podría establecer ninguna diferencia en cuanto a tiempo bailado con mis compañeros. Compañeros que llevan quizá desde los 7 años bailando.
Ojalá hubiera comenzado yo antes. Hubiera aprovechado el tiempo muchísimo más de lo que cualquiera de ellos lo ha aprovechado. Da rabia, pero sin duda pienso buscar, buscar y rebuscar hasta volver a ir a clase con ese brillo en los ojos. Esas ganas de expresar con lo que más me gusta en el mundo y más deseo por encima de todo que es bailar.
Dejo de escribir porque me emociono con sólo hablar del baile: La pasión de mi vida, la ilusión permanente de mi ser.














